relatos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Le tendió una copa de vino, sobre la que April se precipitó, y dejó la botella a su alcance para que calmara su sed devoradora.

- Te pido perdón por el esparadrapo, amada, pero me quedé sin pañuelos Imperdonable, lo se, pero estoy en plena mudanza, dijo mientras la mujer bebía con ansia. Cuando terminó la botella la mujer le miró con una extraña vacuidad. Para recobrar su atención, dijo: no creerías que iba a seguir en este lugar después de traerte aquí. No podía correr riesgos innecesarios. No creas tampoco que podrás contárselo a nadie. Nadie te creería, salvo mis hermanos de sangre, y ellos tienen reglas estrictas al respecto. Es terrible, pero no vivirás para ver el sol, pero ¿quien lo hace?

La confirmación de su muerte trajo a la mujer de vuelta. Lanzó al vampiro una mirada de reflejos acerados de una intensidad que contrastaba asombrosamente con su cuerpo lánguido, inmóvil, inválido.

El vampiro se acercó a retirar la copa y la botella vacías, inclinándose sobre la mujer, mientras abría al boca como para seguir hablando. Entonces vio moverse la mano de la mujer. Se dejó sorprender. Cuando esa mano le abofeteó ya esperaba el choque con una sonrisa. No obstante se enderezó rápido como el rayo. Llevándose la mano a la mejilla, miró a la mujer con expresión satisfecha. Ese golpe, sorprendentemente rápido y fuerte, debía haberle costado gran esfuerzo. Ahora le miraba con un odio sin fisuras.

- April, eres una mujer. Y eso contesta a lo que ya debes haberte preguntado. Yo también me lo pregunté. Porque tu has sido lo único que me ha hecho sentir como el vampiro que era antes, en los últimos dos meses. Porque has sido lo único con color, lo único que ha devuelto la música a mi mente. Porque ese vestido te sienta como a Penélope el velo fúnebre. Porque parecías sola e insegura en el bar. Porque me enamoré de ti cuando te vi. Porque quise estar vivo y junto a ti. Y enamorar a un vampiro rara vez es sano; la sangre lo es todo, y yo ansiaba y todavía ansío tu sangre con una intensidad que creía olvidada, que creía perdida. Con pasión, genuino deseo. Por eso.

Mientras decía esto se arrodilló frente a ella. Y la sensualidad de sus movimientos, alimentada por la sangre, se había vuelto voluptuosa, casi lasciva. Nuevamente en su mirada azul brillaba la devoción que había hechizado a la mujer. Ella casi lo había olvidado, pero volvía a estar hechizada. Hechizada por un monstruo que la había reducido a la postración, que brillaba con la sangre que le había robado, que le había anunciado su muerte hacía un minuto.

Todo esto pasó por la mente y por el rostro de la mujer. Al verlo, la faz del vampiro se ensombreció. Se levantó y se alejó, dando la espalda a la mujer. Se sentó en el sofá de cuero blanco y la miró -no a ella no, a través de ella-. Al cabo de un rato habló: pero hay algo mas. Pausa.

- Este monstruo que te ha hechizado, y créeme, por favor, puede volver a hacerlo en cualquier momento, incluso puede que lo haga involuntariamente, es un ladrón y un asesino. Un asesino. Amo, lo juro, amo la vida sobre todas las cosas. Nada me es mas preciado que la vida de un ser humano, tan fugaz, tan apasionada como fue la mía cuando yo era humano. Es asombroso contemplar la vida detrás de cada gesto, cada ademán, cada palabra. La vida. Y yo dispongo de una eternidad de noches para verla a mi alrededor. Y la sangre, que es la vida para vosotros y un millón de veces mas para mí. Y dispongo de una oscura eternidad para robarla, el mayor de los tesoros, y volver así a sentir algo humano, algo vivo en mí. Y volver a atar la bestia en el pozo mas profundo de mi alma condenada cien veces a las cloacas del infierno. Sangre como la tuya, April. Sangre que he robado cientos de veces en cientos de éxtasis un millar de veces mas reveladores que el tu has sentido. Y cada vez la he agradecido con todo mi ser. Por devolverme la ilusión de la humanidad durante unas pocas preciosas horas.

"Intenté aferrarme a mi humanidad, al rescoldo de ella que queda en mí corazón y en mis manos y recorrer bajo su luz la senda de la oscuridad. Pero hace dos meses la bestia se liberó. Y no fue la lujuria, ni el ansia, ni la curiosidad lo que la liberó. Fue el hambre. Simple hambre. El instinto, el espíritu del demonio que me mueve tomó el mando y sacié mi hambre con la voracidad de un animal. Ningún pensamiento acudió a mi mente. No fue una tentación a la que sucumbí. Ivo Pogorelich no hizo nada, no participó en aquello. Y sin embargo fui yo. Disfruté hasta el paroxismo mas atroz con cada gota de la sangre que robé a una joven pareja hasta dejarlos inertes, fríos, muertos. Y cuando su corazón se detuvo saboreé su muerte, el terrible desperdicio de su vida arrojada al limbo.

Se detuvo. Su pajarita estaba desatada ahora y sus brazos colgaban inertes de sus hombros encorvados. Sus ojos miraban al vacío como si el limbo se abriera ante ellos y las vidas de sus víctimas se retorcieran y agitaran en una danza desesperada, un vals siniestro, mostrándole la miseria de su eternidad. Un velo sanguinolento cubría su mirada.

Al cabo de un rato se recuperó. Miró a la mujer. Esta le contemplaba con escepticismo, y con algo mas. Con algo parecido a la lástima. Lástima. A el, a quien habría adorado hace dos mil años. Había que hacer algo. Continuó.

- Durante los dos meses siguientes no me acerqué a una mujer. Me alimentaba cada noche de animales. Cada noche vagaba solo, escondiéndome de los perros como un vagabundo miserable, para alcanzar una oveja o una vaca con la que mantenerme. Necesitaba reflexionar sin las emociones que habrían aflorado inevitablemente en presencia de humanos. Porque en aquellas muertes encontré algo muy cercano a mi, algo que me faltaba. Sentí el miedo, el salto al vacío, la expectación de ver la cara de Dios. Aquella muerte me faltaba. Por que yo no morí. Yo no estaba consciente en el momento de mi muerte. No experimenté la perdida de mi humanidad y el nacer de esta espléndida, sobrenatural, demoníaca criatura que soy. Aquellas muertes fueron una revelación, una Epifanía. Ahora soy mucho mas consciente de lo que soy, y mucho menos humano. La muerte es parte de mi. Por eso vas a morir esta noche. Necesito mas muerte, para saber. La tuya. El ser a cuyo engreimiento debo lo que soy no previó esto, a pesar de que pocos en el mundo saben mas de la muerte que el. Y sin embargo le debo algo. Gracias a el no soy pasto de los gusanos. Estoy muerto, pero no postrado y puedo gozar de tu belleza y de la música. Y estoy dispuesto a todo con tal de seguir vivo y de salirme con la mía.

Continuará.